"Un viaje de mil millas comienza con un sólo paso." Lao Tse Durante tres años, los recuerdos, la nostalgia y el dolor en el pecho me paralizaron por completo. Sentía que no podía seguir, que la tristeza era más fuerte que la vida misma; me aferré tanto a la idea del duelo que me negué a avanzar. Me volví adicta al trabajo, a mantenerme ocupada para no pensar, para no extrañar. Le hacía nudos al corazón para que no doliera, evité a mis conocidos para que su nombre no saliera en cualquier conversación. Mi estado físico, mental y emocional se marchitaban, dejándose morir lentamente. Pero un día, en medio de la niebla, una pequeña chispa se encendió. No era una luz brillante, sino un tenue destello de esperanza que susurraba vida. Ese día, con las piernas temblando, di el primer paso, un paso que se sintió como el inicio de un nuevo viaje de mil millas. Aterrador, desconocido, silente, pero al fin y al cabo, mi viaje... mi viaje de regreso a la vida.