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Té de manzana en Estambul...

Estambul amanece con una brisa leve, casi como un susurro.  El cielo, esa inmensa cúpula que alguna vez vieron los griegos, los romanos los persas y los otomanos, se cubre de nubes transparentes, donde el aire huele a té de manzana y miel, a azafrán, a maíz dulce y al pan recién horneado que flota desde los puestos de simit. Llegamos después de dieciséis horas de vuelo, como quien despierta dentro de un sueño que lleva siglos repitiéndose. Esta tierra, que no pertenece del todo a Oriente ni a Occidente, es más que una ciudad, es una encrucijada del tiempo, un espejo donde se cruzan las civilizaciones y las almas. Nuestra primera parada es en Eyüp, en la colina de Pierre Loti. Desde aquí, el Cuerno de Oro se abre como una página de historia aún húmeda de tinta, en días de sol brilla como el mejor de los metales. El horizonte tiene el color incierto del cobre, y las mezquitas parecen flotar entre la bruma del amanecer. Eyüp Sultan Mezarligi El té turco, oscuro, fragante, tiene ese al...
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Sobre el olor y la memoria...

Hay en el ser humano un don que limita con la alquimia: la memoria olfativa. A nivel físico consiste en la conexión directa entre el bulbo olfatorio y el sistema límbico, esa zona oscura donde habitan la emoción y el recuerdo. Pero más allá del dato anatómico, lo que asombra es su naturaleza de puente: un aroma, leve e invisible, puede reconstruir con exactitud un instante perdido, una casa derruida por los años, el rumor del mar que no se escucha sino en la memoria. No es casual que los recuerdos ligados al olor sean los más persistentes. El tiempo los toca, pero no los desgasta. Quizá porque el olfato, a diferencia de la vista o del oído, no razona, reconoce . Un simple perfume basta para reanimar la sombra de una abuela; el aroma a bizcochitos recién horneados es, para mí, el olor del amor de la mía; el chocolate caliente me abraza como lo hace mi madre. El olor del césped recién cortado me devuelve a la infancia, y el bloqueador solar me abre la puerta a un verano olvidado, a ese e...

El aire que respiro...

Casi década y media respiré humo en lugar de aire. Si hiciera el cálculo, como quien mide el tiempo con ceniza, habrán sido más de tres mil cigarros, pequeñas hogueras que ardían en mis labios. Esas pequeñas ofrendas al fuego que me habita.  Al principio era apenas un ritual esporádico, fumaba con la inocencia de quien no sabe que todo rito engendra su propio laberinto; con los años, el cigarro se volvió una extensión del pensamiento, una sombra fiel, y terminé fumando más de diez al día. En los días de “estrés” casi llegaba a una cajetilla entera. Tenía encendedores dispersos como amuletos, uno en cada abrigo, otro en el bolso, varios en casa. Era una red de seguridades mínimas por si alguno moría antes de encender el siguiente cigarro. Todo en mí olía a humo, mi ropa, mis libros, mis manos, la almohada, el aire detenido en las cortinas.  Amaba el café matinal acompañado por la brasa, el cigarro que se encendía para el frío, para la amistad, para el amor, para el cansancio. E...

Mil millas

"Un viaje de mil millas comienza con un sólo paso." Lao Tse  Durante tres años, los recuerdos, la nostalgia y el dolor en el pecho me paralizaron por completo. Sentía que no podía seguir, que la tristeza era más fuerte que la vida misma; me aferré tanto a la idea del duelo que me negué a avanzar. Me volví adicta al trabajo, a mantenerme ocupada para no pensar, para no extrañar. Le hacía nudos al corazón para que no doliera, evité a mis conocidos para que su nombre no saliera en cualquier conversación. Mi estado físico, mental y emocional se marchitaban, dejándose morir lentamente. Pero un día, en medio de la niebla, una pequeña chispa se encendió. No era una luz brillante, sino un tenue destello de esperanza que susurraba vida. Ese día, con las piernas temblando, di el primer paso, un paso que se sintió como el inicio de un nuevo viaje de mil millas. Aterrador, desconocido, silente, pero al fin y al cabo, mi viaje... mi viaje de regreso a la vida.

Piel rota

Morir, o dejar morir esa versión de nosotros. Quitarnos esa piel rota, para renacer . Morir, o dejar morir, esa versión de nosotros que aún respira en los pliegues del pasado. Esa forma anterior, tejida de recuerdos, de sensaciones que se resisten, de emociones que han perdido su nombre. A veces, renacer no es otra cosa que un acto de destrucción: despojarnos de esa piel rota que ya no nos contiene, como la serpiente que abandona su sombra para crecer poco a poco. Dejar morir es también un modo de amar lo que fue, porque toda despedida auténtica guarda la semilla de una resurrección. Cada fragmento que soltamos, cada memoria que dejamos flotar en la corriente del tiempo, nos devuelve al principio, a la posibilidad de ser distintos, o más fieles a lo que nunca dejamos de ser. Quizá ese desprendimiento no sea una pérdida, sino una forma secreta de eternidad, la conciencia, al mudar de piel , se reconoce a sí misma como algo que ni el tiempo ni la muerte pueden del todo borrar.

Certeza

"The only certainty is uncertainty..."  Zygmunt Bauman Esa es la única certeza. La incertidumbre. Volvemos con las manos llenas, de historias, grandes o pequeñas, recientes u olvidadas, porque sólo somos eso...   historias. Vamos caminando, robándole tiempo al destino, porque en el fondo sabemos que no todo lo perdimos. La luna nos persigue, en un cielo plagado de estrellas; un puñado de ellas queda resguardado en un cajón sellado de olvido. Un pañuelo de despedida, se queda en una mano tardía; sólo queda una lagrima que recorre esa piel mustia. Tantas cosas hacemos, tantas otras perdemos, tantas dejamos de contar. Porque al final… no hay NADA , nada que perder.   Sólo historias. Porque sólo somos eso...   historias.

Allí estás tú...

Aquí con el corazón en la mano,    con tu recuerdo colgando de uno de mis dedos,   aquí, Alejo, aquí sigo esperándote en mis sueños.  (In memoriam) Allí estás tú.   En la esquina doblada de mis recuerdos,  envuelto en blues,  en un desespero que tartamudea.  Te tomo la mano,  enredada en perfumes,  de ideas taciturnas  que se cuelan en la noche,  hasta tocarte el corazón,  como un sueño  que respira por debajo de la piel. El día despierta sobre tus pies . Te desentierras, caminas, vuelas, me amas, te incorporas, te compones. Respiras. Sin moscas. Sin gusanos. Sin miedo en el vientre. Respiras… ahh… ese suspiro que deja el viento. R.I.P. Darling

Don Pink Tomate, el gato de Amarilla

"¡Inventé el color de las vocales! A negra, E blanca, I roja, O azul, U verde. Ordené la forma y el movimiento de cada consonante y me jactaba de haber inventado, mediante ritmos instintivos, un verbo poético accesible, un día y otro, a todos los sentidos." Arthur Rimbaud Los seres de cuerpos infinitos, suelen conversar con los patos huérfanos en las noches de luna fucsia, desmembrando uno a uno los pensamientos para convertirlos en colores.  Prefieren llenar las estanterías de suspiros y cristales, porque ellos cantan cuando los demás susurran, abandonando a fuerza la costumbre de pensar una cosa y decir otra distinta. Los seres de colores aman.. y ya... Opio en las nubes Soy Pink Tomate, el gato de Amarilla. A veces no sé si soy tomate o gato. En todo caso a veces me parece que soy un gato que le gustan los tomates o más bien un tomate con cara de gato. O algo así. Me gusta el olor del vodka con las flores. Me gusta ese olor en las mañanas cuando Amarilla llega de una f...

Memoria color agua

"Quiero una memoria de colores,   con sus peces luminosos,   sus raíces, sus silencios,   pero quiero mi memoria conmigo, por siempre,   para no olvidar cuanto te he amado."  - Alejandro GD. (Nota de desayuno 534) La abuela es bisabuela hace años, sí, pero ahora lo ha olvidado, su memoria ahora tiene el color del agua.  Hay días cristalinos, llenos de pececitos de colores; cada uno en calma, con su nombre, su recuerdo, el día aquél en qué algo paso y ese otro en que todo fue vida. Hay días turbios, donde todos los nombres vienen a su cabeza a borbotones, atropellados y con algunas piedras arrastradas en el camino.  Hay días de memoria color agua , días en que ese lago de la memoria no emite ningún reflejo más que el del olvido, el silencio y unos ojos expectantes que buscan un rastro conocido.  Los días más difíciles son los de la niebla, días desesperados. Entre el miedo y la rabia se encoge de brazos, aprieta sus dientes y mu...

Broken parts...

" Ces yeux ne t’appartiennent pas… où les as-tu pris? " Mirarlo fijamente a los ojos, esos ojos oscuros y eternos, suspirar... y con un pequeño gesto,  detener el tiempo. No existirá más que ese momento, entre tanto ruido de la ciudad, todo estará en calma; sentirá en sus labios el sabor de sus besos,  y el tacto de su piel. Tendrá frente a ella ese silencio que esconden sus pupilas y con cada segundo, volverán a armar cada una de sus piezas rotas, como lo hacen cada vez que se encuentran. Empezando por el corazón... Nuit Blanche from Arev Manoukian on Vimeo .